Sacramentos

BAUTISMO
El Bautismo es el sacramento, por medio del cual, el hombre nace a
la vida espiritual, por medio del agua y la invocación a la
Santísima Trinidad.
El Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana, es el pórtico
de la Vida en el Espíritu, y además es la puerta que
nos abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo, somos
liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a
ser miembros de Cristo, y somos incorporados a la Iglesia, haciéndonos
partícipes de su misión.

PENITENCIA
Penitencia en su sentido etimológico, viene del latín
“poenitere” que significa: tener pena, arrepentirse.
Cuando hablamos teológicamente, este término se utiliza
tanto para hablar de una virtud, como de un sacramento.
Esta virtud moral, hace que el pecador se sienta arrepentido de los
pecados cometidos, tener el propósito de no volver a caer y hacer
algo en satisfacción por haberlos cometidos.

COMUNIÓN
La celebración de la Eucaristía es el centro de toda
la vida cristiana, tanto para la Iglesia universal como para las asambleas
locales de la misma Iglesia. Pues "los demás sacramentos,
como todos los ministerios eclesiásticos y las obras de apostolado,
están vinculados con la sagrada Eucaristía y ordenados
a ella. Porque en la sagrada Eucaristía se contiene todo el
tesoro espiritual de la Iglesia, es decir, al mismo Cristo, nuestra
Pascua y Pan vivo, que, mediante su carne vivificada y vivificante
por el Espíritu Santo, da vida a los hombres, invitándoles
así y estimulándoles a ofrecer sus trabajos, la creación
entera y a sí mismos en unión con él" (Conc.
Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, n. 5).

CONFIRMACIÓN
Los bautizados avanzan por el camino de la iniciación cristiana
por medio del sacramento de la Confirmación, por el que reciben
la efusión del Espíritu Santo, que fue enviado por el
Señor sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Por esta donación del Espíritu Santo los fieles se configuran
más perfectamente con Cristo y se fortalecen con su poder,
para dar testimonio de Cristo y edificar su Cuerpo en la fe y la caridad.
El carácter o el signo del Señor queda impreso de tal
modo, que el sacramento de la Confirmación no puede repetirse.

ORDEN
SACERDOTAL
El sacerdote debe ser reconocido como un hombre de Dios, un hombre
de oración, al que se ve rezar, al que se oye rezar. El sacerdote,
por tanto, debe alimentar en sí mismo una vida espiritual de
calidad, inspirada en el don del propio sacerdocio ministerial. Su
oración, su forma de compartir, sus esfuerzos en la vida, están
inspirados por su actividad apostólica que se alimenta de toda
una vida vivida con Dios. El sacerdote debe presentarse, ante todo,
como un "hombre de fe", porque él, en virtud de su
misión, debe comunicarla a través del anuncio de la
Palabra.

MATRIMONIO
Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado
a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio
a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de
manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6). Al
bendecirlos, Dios les dijo: «Creced y multiplicaos» (Gn
1, 28). La alianza matrimonial del hombre y de la mujer, fundada y
estructurada con leyes propias dadas por el Creador, está ordenada
por su propia naturaleza a la comunión y al bien de los cónyuges,
y a la procreación y educación de los hijos. Jesús
enseña que, según el designio original divino, la unión
matrimonial es indisoluble: «Lo que Dios ha unido, que no lo
separe el hombre» (Mc 10, 9).

UNCIÓN
DE ENFERMOS
Este sacramento es cuando se le da una gracia especial a los enfermos
o ancianos, fortaleciendo y reconfortando al cristiano debilitado
por la enfermedad, y lo prepara para el encuentro definitivo con Dios.
Como los demás sacramentos, fue instituido por Jesucristo aunque
no consta un momento preciso en el que lo hubiese delegado. Se suele
indicar que el texto de la carta de Santiago como contexto de la función
y efectos del sacramento: "¿Está enfermo alguno
entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que
oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor.
Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor
hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán
perdonados" (St 5, 14-15).