Parroquia I.C.M.Inmaculado Corazón de María

día del señor



DOMINGO 18 DE FEBRERO DE 2012
La lepra, de la que hablábamos la semana pasada, produce marginación. La parálisis, que es la enfermedad que protagoniza el evangelio de hoy, produce dependencia. El paralítico no puede moverse por sí mismo, carece de autonomía, de capacidad para poner en práctica su libertad. El paralítico experimenta cada pequeño escalón, borde o desnivel como un obstáculo insuperable, al menos con sus solas fuerzas.
A propósito de la parálisis podemos pensar en toda forma de dependencia y de ausencia de verdadera libertad, que sólo puede ser remediada por la ayuda ajena.
El paralítico de hoy tuvo la suerte de encontrar la ayuda de cuatro hombres buenos, que no sólo se prestaron a llevarlo ante Jesús, sino que ante los obstáculos que impedían llegar hasta él, se las ingeniaron para sortearlos todos. El modo en que lo hicieron (si pensamos en lo que supone subir una camilla con un enfermo en ella hasta el techo y después descolgarlo por ella, cualquiera que haya llevado alguna vez una camilla al peso, sabrá lo que eso supone) revela una voluntad de hierro, además de una confianza ciega en que merece la pena hacer ese derroche de fuerza, imaginación y, también, de riesgo.
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Testimonios

Antoine De Saint-Exupéry (1900 - 1944) “No hay más que un problema, uno solo en el mundo: devolver a los hombres un significado espiritual”. Veo que algunos te definen en dos palabras: escritor y piloto. Otros prefieren hacerlo en una sola: aventurero. No están reñidas. Incluso pueden ampliarse, ya que de muy joven te viste en una encrucijada de caminos fascinado por todos ellos a la vez: marina, bellas artes, comercio... Exactamente, ¿qué buscabas?, ¿hacia dónde querías dirigirte? Parece claro que no te empujaba el dinero sino el gusto por la aventura, una aventura que nadie ha acertado a definir.

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