Celebramos el miércoles de Ceniza


22 de febrero 2012

Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos

Lo primero que debemos decir al respecto es que la finalidad de la Cuaresma es ser un tiempo de preparación a la Pascua. Por ello se suele definir a la Cuaresma, "como camino hacia la Pascua". La Cuaresma no es por tanto un tiempo cerrado en sí mismo, o un tiempo "fuerte" o importante en sí mismo.

Es más bien un tiempo de preparación, y un tiempo "fuerte", en cuanto prepara para un tiempo "más fuerte" aún, que es la Pascua. El tiempo de Cuaresma como preparación a la Pascua se basa en dos pilares: por una parte, la contemplación de la Pascua de Jesús; y por otra parte, la participación personal en la Pascua del Señor a través de la penitencia y de la celebración o preparaci&oiacute;n de los sacramentos pascuales -bautismo, confirmación, reconciliación, eucaristía-, con los que incorporamos nuestra vida a la Pascua del Señor Jesú.

Incorporarnos al "misterio pascual" de Cristo supone participar en el misterio de su muerte y resurrección. No olvidemos que el Bautismo nos configura con la muerte y resurrección del Señor. La Cuaresma busca que esa dinámica bautismal (muerte para la vida) sea vivida más profundamente. Se trata entonces de morir a nuestro pecado para resucitar con Cristo a la verdadera vida: "Yo os aseguro que si el grano de trigo muere dará mucho fruto" (Jn 20,24).

A estos dos aspectos hay que a%ñdir finalmente otro matiz más eclesial: la Cuaresma es tiempo apropiado para cuidar la catequesis y oración de los niños y jóvenes que se preparan a la confirmación y a la primera comunión; y para que toda la Iglesia ore por la conversión de los pecadores.

Desde el primer momento es bueno señalar el hecho de que en este tiempo la temática de los diversos sistemas de lecturas es mucho más variada que en los otros ciclos litúgicos. Aunque todos los leccionarios de este tiempo tengan un telón de fondo común, la renovación de la vida cristiana por la conversión, esta temática se presente desde ópticas muy diversas, cada una de las cuales tiene sus matices propios y distintos. Si esta diversidad de enfoques se olvida, si se unifica y reduce el conjunto a una temática única, muchas de las lecturas litúrgicas pasarán, prácticamente, desapercibidas; fenómeno éste que lamentablemente ocurre más de una vez.

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DOMINGO I DE CUARESMA

"Se ha cumplido el plazo". La escena del bssutidmo de Jesús nos la presenta Marcos como una ráfaga de luz; y en seguida llega una zona de sombra: el desierto. Marcos condensa al máximo el contenido de las tentaciones, pero deja abierta la esportilla para verlas a lo largo de toda la vida pública de Jesús. En todas estas ocasiones el Maestro se mantendrá humilde y finalmente sometido al Padre.

domingo ii de cuaresma

"Por la cruz a la luz". La escena de la transfiguración de Jesús sigue el modelo de los relatos de apariciones del Antiguo Tetamento, y constituye un anticipo de la glorificación pascual. Muerte y resurrección forman un misterio unitario, evitando la reducción de Cristo a la simple humanidad heróica (la muerte) o a la sola divinidad separada y lejana del hombre (la gloria de la Pascua). Solo mediante el anuncio de la muerte puede florecer la resurrección, y solo a través de la cruz se llega a la proclamación de la gloria pascual.

domingo iii de cuaresma

"El nuevo templo reedificado y glorificado".Según el evangelista Juan, estamos en la primera pascua, la segunda será la de la multiplicación de los panes, y la tercera la de la muerte. Jesús va a tomar posesión del templo, y se encuentra con gente que, en vez de buscar a Dios, hace mercado. Esto le duele: es la primera vez que llama a Dios su Padre, proclamándose Hijo de Dios. El nuevo Templo no será un edificio, sino una persona: su Hijo, el Mesías, Cristo Jesús, en quien habita la plenitud de la divinidad complaciendose pleenamente en él.

domingo iv de cuaresma

"Dejarse envolve por el plan de salvación".El coloquio nocturno de Jesús con Nicodemo tiene cierto embrujo: lo que comienza con un diálogo va adquiriendo las dimensiones de un profundo monólogo con revelaciones en cadena: nacer de lo alto o de nuevo, por la fuerza del Espíritu, no de la carne, desvelamiento de lo que Jesús ha visto y contemplado en el seno del Padre. el anuncio determinante del increible amor de Dios que entrega a su propio Hijo para salvar a quienes quieran creer en él. En definitiva, la fuente de la vida es el amor del Padre que nos da a su Hijo. Con la fe, el hombre puede acoger este amor de Dios y sentirse plenamente feliz, realizado.

domingo v de cuaresma

"Gozamos con tu presencia, Señor". Estamos en la sección final de la vida pública de Jesús, cuando se va a inaugurar su "hora" o glorificación, que paradójicamente culmina en la cruz. Y de este modo sugerente se introduce el episodio de estos griegos, con su sencilla, pero honda petición: "Queremos ver a Jesús". ¡Expléndida oración¡. Seguramente no se trata de una mera curiosidad, sino del interés suscitado por cuanto han podido percibir en la vida del Maestro. Quiere ello decir que los paganos están cercanos a la salvación, ofrecida a todos: buscan la verdadera adoración a Dios "en espíritu y en verdad".

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