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viento de ilusión y gozo ha sacudido el interior del monasterio de
la Encarnación. La «revolución de las monjas» consiste
nada más que en un coro que canta «Tú eres Pedro»
y ríe con mayor' libertad que e nunca. Saltan las monjas de alegría
como los niños cuando consiguen un objetivo que parecía imposible.
¡Dios, qué jolgorio en el huerto da Teresa! Hasta los rosales
se han estremecido y las lágrimas emocionadas, han salpicado en los
hábitos- de las contemplativas. Esta peregrinación de las monjas
de clausura de a España -veintiséis órdenes y congregaciones-
han tenido en vigilia a tres mil religiosas, la mayoría de ellas con
buen oído y buena voz, además de otras cualidades del sentimiento:

«Bendito
el que viene en nombre del Señor, la tierra de Teresa te recibe con
amor:»
El que no haya visto los tres mil pañuelos blancos agitándose
a aire, las tres mil gargantas en expansión festiva, que para eso la
Iglesia conmemora la comunión de los santos, no puede hacerse una idea
de la hondísima alegría de estas mujeres, todas con un bolso
claro colgado del cuello y un mensaje del cuarto centenario de Teresa de Jesús
:- «Encuentro del Papa con las monjas.» Canonesas del Santo Sepulcro,
, ursulínas, pasionistas, adoratrices, trinitarias, oblatas del Santo
Sepulcro, redentoristas, agustinas, comendadoras del Espíritu Santo
El obispo
Felipe Fernández recibe a juan Pablo II
...
Y las carmelitanas, llenas de la ilusión y el ímpetu que transmite
su fundadora.
-Habla la hermana priora del convento de la Encarnación...
- …¡Temblando! -añade ella, sin poder evitar que su exclamación
sea recogida por los micrófonos. Temblando habían implorado
las tres mil un saludo, una mirada del Papa, que entró en el patio
del convento y en lugar de dirigirse a su estrado se fue derecho por el pasillo
saludando a las monjas, a «mis queridas hermanas, religiosas de clausura
de España». Acababa de ofrecer la bienvenida el obispo de Avila
y acababa, de recordar las palabras que escucho Teresa de Jesús: «Espera
un poco, hija, verás grandes cosas.» O la afirmación de
San Juan de la Cruz: «La mejor gente que Dios tiene en su Iglesia.»
Esto mismo forma parte de «las grandes cosas»...
"Las
murallas de la ciudad de Ávila se abren para acogeros con el alma llana
y sencilla".
Pero
temblando y todo, la hermana priora puso el encanto de la -sencillez teresiana:
-éste es «nuestro gozo, porque recibimos a nuestro dulce Cristo
en la tierra».
-¡Ay, qué bonito! ¡Eso me encanta! -suspiró una
monja muy joven que estaba a mi lado.
Eso encantó a las tres mil contemplativas y encantó también
al Santo Padre, visiblemente emocionado ante el espectáculo del huerto
de Teresa. Todo su discurso estaría lleno de interrupciones y de comentarios
espontáneos del Papa que no estaban en él programa:

«Se
ve que San Francisco es muy fuerte en España, pero parece que Santa
Teresa es más fuerte.» Y las ovaciones se sucedían, Gritos,
pañuelos, piropos, nervios contenidos como buenamente podían:
Desde que Juan Pablo II habló de su alegría por venir a Avila
y desde que en su segunda frase definió el convento de San José
como el primero, de los «palomarcicos» fundados por ella, el delirio
se apoderó de este «santuario de la vida contemplativa».
El Papa estaba contentó también. Rozó varias sílabas
y repitió tres o cuatro veces la palabra «ensi-mismamiento",
leyendo despacio hasta que la pronuncio perfectamente por dos veces. Luego
levantó la vista de las cuartillas y remachó sonriendo: «Identificación.»
El Papa recibe el incensario
que le regalaron las monjas de la Encarnación
En
otro momento de su discurso, cuando decía: «En el silencio, en
el marco de la vida, humilde y obediente...», se detuvo el Santo Padre
para recalcar: «En el silencio, en el silencio que no se observa hoy...»
Era como un diálogo interrumpido en cada frase. Y el Papa volvía
a introducir improvisaciones al dictado de lo que estábamos viviendo.
«Entonces, se ve bien, la Iglesia se siente honrada con la vuestra vocación.»
Y de nuevo, cuando explicaba el valor de las vocaciones, en- contraste con
lo que ofrece la sociedad de consumo, el Papa se dirigió a su auditorio
con una pregunta, arrastrando mucho la interrogación:: "¿Vosotras
entendéis qué cosa quiere, decir la sociedad de consumo...?»-
Lo entendieron todas las hijas del Carmelo y las demás representantes
de .las diversas familias contemplativas que enriquecen la Iglesia».
Reían, y jaleaban al Papa una y otra vez.

Los
aplausos y los gritos de «gracias, gracias, gracias», antes y
después de que Juan Pablo II asistiera a la renovación del compromiso
–“sacrificio diario, voluntario y alegre de los claustros españoles”-,
dejaron en el convento de la Encarnación un cierto aire de paz y de
sueño cumplido, como gusta repetir el obispo de Avila. Y es que nos
ha llegado «esta gracia, que consideramos como el paso del Señor
entre nosotras».
La fiesta de Avila, con, a concelebración eucarística de Su Santidad con todos los obispos de España, ante la puerta del Carmen, en el lienzo norte de la muralla abulense, fue seguida por los Reyes de España y cientos de miles de fieles que ya se han acercado al vicario de Cristo.
«Tú
eres Pedro, tú eres Pedro», coreaban desde la llanura, al paso
de la caravana, durante la visita al monasterio de San José, en la
casa donde nació Santa Teresa, en el recorrido por Alba de Tormes,
en la solemnidad de la Universidad Pontificia de Salamanca... Desde que el
Santo Padre
Reunión con
tres mil monjas de clausura el la Encarnación
divisó
desde el aire la tierra de Ávila, con un reguero de gente que bajaba
en línea paralela con la muralla -ya llevaban varias horas las monjas
de clausura saludando con sus pañuelos cualquier cosa que sobrevolara
el convento de la Encarnación-- hasta que dejó a sus pies la
ciudad de Salamanca, para regresar a Madrid, la jornada de la visita pastoral
ha metido definitivamente al Papa en el corazón de: todos los españoles.
El
Papa acompañado del obispo Felipe Fernández, es recibido con
cánticos por las monjas de la Encarnación