El pontificado de Juan Pablo II, ha sido de gran calado, siempre atento a relanzar la predicación cristiana en el mundi y en la unidad entre las Iglesias.
Una de las grandes herencias que deja a los cristianos es el "mea culpa" con el que quiso preparar el Gran jubileo. Ha reconocido las desviaciones de la Iglesia en la historia, y ha pedido perdón por ello.
Otro aspecto que ha logrado el Pontífice, ya fallecido, ha sido que ha roto con la imágen lejana y distante de Roma; ha sabido acercarse al hombre del año 2000 y aprobechar las tecnologías de nuestro tiempo.