


Siete meses después de haber sido elegido Papa, Juan Pablo II regresa a su tierra natal. Corre el año 1979 y Polonia vive aún bajo el régimen comunista. Fue el primer viaje de un máximo representante de la Igle sia católica a un país del bloque soviético. Karol Wojtyla repetirá este viaje en otras cinco ocasiones (1987, 1991, 1997, 1999 y 2002). Polonia es así el destino más visitado durante su Pontificado. Sus plegarias en el campo de concentracíón de Auschwitz, sus recuerdos personales y muchos momentos entrañables y sobrecogedores, caracterizan estas visitas.
Juan Pablo II también quiso visitar a los gobernantes de los países más desarrollados, para recordarles la solidaridad necesaria entre nacio nes ricas y pobres. Estados Unidos, el país más poderoso del mundo y presidido entonces por Jimmy Cárter, recibió por primera vez al Papa en 1979. Tras condenar el capitalismo salvaje y dar un tirón de orejas a Carter, habló para todo el mundo en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, donde reclamó un mayor respeto a los Derechos Humanos.
Si el papa Juan Pablo II quería subrayar su defensa de los Derechos Hu manos y su apoyo a los más oprimidos, el continente negro debía ser un punto fijo en su agenda. Y lo fue: el Papa visitó Africa por primera vez en 1980, recalando en el Congo, Kenia, Ghana, Alto Volta y Costa de Marfil, y durante su Pontificado hizo 12 viajes más a países de este con tinente. El último de ellos fue el que realizó, en el mes de febrero de 1998, a Nigeria.
En Filipinas beatifica a Lorenzo Ruiz, primer filipino mártir en Japón: es la primera vez que una beatificación se lleva a cabo fuera de Roma. En Japón visita las dos ciudades sacudidas por el Holocausto nuclear, Hiroshima y Nagasaki, desde donde lanza un mensaje de paz a todo el mundo.
A un año exacto del atentado sufrido en la plaza de San Pedro de Roma, Juan Pablo II viaja al santuario mariano situado en Portugal para agra decer a la Virgen haber salvado su vida. La fecha del viaje y el atentado coinciden con el aniversario de la primera aparición de Fátima, el 13 de mayo de 1917.
Hubo una importante oposición a que el Papa realizara una visita a una dictadura como la de Augusto Pinochet. Juan Pablo II hizo el viaje a pe sar de ello. La polémica se redujo cuando el Pontífice, en plena Tierra de Fuego, condenó la tortura y -las violaciones a os derechos humanos en Chile.
El deseo del Papa era viajar a Sarajevo en plena guerra, pero no fue po sible. Consigue visitar la ciudad símbolo del corazón ensangrentado de Europa de las luchas fratricidas entre etnias y religiones en 1997, en medio de un paisaje de desolación. Celebra misa en el estadio Kosevo bajo una intensa nevada. Juan Pablo II quiso animar a todos los bos nios, cualquiera que fuera su creencia, a reconstruir su país. «Perdonemos y pidamos perdón», fue su mensaje a serbios, croatas y musulnmanes.
El viaje a la isla marca un hito histórico: el encuentro de dos viejos y carismáticos líderes de primer plano mundial como Juan Pablo II y el presidente Fidel Castro; con los Derechos Humanos y la libertad religiosa como telón de fondo.
Para Juan Pablo II, Tierra Santa es el viaje más deseado y probable mente más difícil. Sólo Ur, patria dé Abraham, se quedará fuera de la agenda. Reza ante el Muro de las Lamentaciones, en la ciudad vieja de Jerusalén e introduce en sus piedras milenarias un mensaje en el que pide perdón por las persecuciones de los judíos cometidas por los crisstianos.