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Para seguir caminando.
Por Jesús Castro

Quisiera en estos párrafos rendir un homenaje a cuatro personas: Helena, Pep, Sandra y Francisco. No es un mero recuerdo emocionado, ni la admiración por una gesta épica.
Ojala fuera el motor, la chispa que nos moviera a compartir con los más pobres de la tierra, y a salir de nuestra insolidaridad.

Pep, Sandra y Francisco viajaron a Marruecos el 8 de octubre. La voz de alarma de Helena había sonado unos días antes: ¡cientos de subsaharianos estaban siendo deportados de todos los puntos del país hacia el desierto del Sahara! ¡Mujeres, niños, solicitantes de asilo, estudiantes con permiso de residencia en Rabat, Casablanca…! ¡Era una caza indiscriminada del negro! ¡Los llevan a para dejarlos morir de hambre y sed!

Equipados con una pequeña furgoneta, algún dinero, y 500 comidas de las monjas de Teresa de Calcuta de Tánger, se aventuraron hacia el sur. Su objetivo: seguir a las decenas de autobuses que iban cargados con cientos de subsaharianos hacia un destino
    desastroso. Las llamadas por móviles no paraban: Los inmigrantes desde los autobuses informando de su posición, la prensa desde España atónita ante lo que estaba pasando, los amigos que les llamábamos para ver cómo iban. Todo sucedía muy rápido; el domingo la noticia volaba por todos los medios de comunicación.

El gobierno de Marruecos lo desmentía todo, el gobierno español y la UE se ponían nerviosos y ahora pedían trato humanitario, cuando habían pagado a Marruecos para que ningún subsahariano más se acercara a las vallas de Ceuta o Melilla, la ONU decía que no se podía cortar así los flujos migratorios; mientras la pequeña furgoneta de “la guarda” seguía haciendo kilómetros y kilómetros hacia la frontera con Mauritania, gritando al mundo lo que estaba pasando. No había ninguna respuesta política con intención de parar aquello.

Desde la Península comenzamos a movilizar a asociaciones, ONG’s, parroquias, debíamos manifestar nuestra repulsa
   
Ojala recogiéramos vuestro testigo y gritáramos al mundo entero, que Dios sufría en aquellos autobuses.

ante lo que estaba pasando en la calle, si no nadie lo haría. Se organizaron concentraciones por todo el país.

Fue entonces cuando Marruecos cambió de estrategia y comenzó a dividir a las “caravanas de la muerte” de dos en dos para despistar a los testigos curiosos. Dejó a inmigrantes en campos minados, en campamentos militares… Nuestros protagonistas perdieron a los bebés del autobús en la frontera con Mauritania. Después de casi 8.000 Km., extremadamente fatigados, volvían hacia Asmara a por un grupo de 50, cuando a las 5 de la mañana la furgoneta volcó dando cuatro vueltas de
    campana. Helena y Francisco, salieron peor parados con heridas por todo el cuerpo. Después de hora y media en el asfalto, fueron llevados a El Aiún, y de ahí a Canarias. Era jueves día 13 de octubre.

A los dos días volvieron en avión a Casablanca, y en ambulancia hasta Tánger, donde reside Helena. Hace unos días fui a verlos a Marruecos y traje de vuelta a Francisco con el brazo vendado hasta su casa de Beas de Segura. Ahora están yendo un montón de organizaciones humanitarias a Marruecos. Los periodistas que estuvieron con ellos en el Sahara aquellos días aseguran que han salvado a cientos de personas. Personalmente es un orgullo conocer a estas cuatro personas: Helena, Sandra, Pep y Francisco.

Ojala recogiéramos vuestro testigo y gritáramos al mundo entero, que Dios sufría en aquellos autobuses, que Dios viajaba en esa furgoneta, que estamos dispuesto a jugarnos el tipo y a compartir vuestras heridas y regalar VIDA. Gracias.
 
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©Jesuitas. Provincia de Castilla. web@pastoralsj.org martes, 08 de noviembre de 2005