(Continuación)
El sacramento de la Penitencia o del Perdón o de la Reconciliación es un sacramento esencial en la vida cristiana. Sale perdiendo la misma comunidad cristiana y el cristiano singular cuando se deja de celebrar el perdón.
Reconocemos de entrada que un amplio sector de la población cristiana ha dejado de lado la celebración del sacramento de la penitencia. “Se comulga más que se confiesa”, es una observación que muchos constatan. En muchos ha dejado de existir aquella pregunta al sacerdote: “¿Puedo comulgar?”.
En esta sección iremos tratando este sacramento a lo largo del año.
ÍNDICE:
1 - Imposible vivir sin perdón
2 - No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores (Mt 9, 13)
3 - El malestar del sacramento de la penitencia
4 - Cinco impedimentos para entender el sacramento de la penitencia
5 - Reflexión pastoral
6 - Textos y oraciones penitenciales de Adviento
7 - Celebraciones penitenciales para Adviento
La experiencia de vivir no perdonado es una experiencia dura que envuelve a la persona y la margina hasta arrinconarla. Quien no se siente perdonado vive marginado, como en una especie de huida hacia ninguna parte.
La vida es camino. Y es camino no sólo hacia un sitio, sino, sobre todo, hacia una persona, hacia un corazón. No vamos a sitios. Vamos hacia alguien. Es importante entender esto para abrirnos al perdón.
El niño pequeño que ve los brazos abiertos de su padre o de su madre camina hacia esos brazos. Aprendemos a caminar atraídos por unos brazos que nos acogen, nos levantan, nos marcan camino y etapas. Esos primeros momentos cuando el niño aprende a andar es como una parábola de la vida humana. Todos caminamos en la vida hacia unos brazos que nos abracen. De lo contrario, la vida se convierte en un ir y venir hacia nadie, y por eso mismo, hacia el vacío.
Los que creemos en Jesús nos encontramos con una gran palabra de confianza. Jesús viene a llamar a los pecadores. Jesús se pone como meta el abrazo y la acogida de los pecadores.
Es posible recibir el perdón en la comunidad cristiana. Tenemos alguien a quien ir y a quien pedir perdón con la confianza de que nunca defrauda.
Hace unos años se hizo una encuesta en Italia sobre el sacramento de la penitencia:
- 41% declaraban que era un sacramento no necesario.
- 35% tenían dudas de su necesidad.
- 20% era favorable al sacramento “por motivos psicológicos”.
Estos datos indican que, en general, los cristianos no entienden el sacramento./P>
Existe, además, miedo y desconocimiento a descender a la profundidad del la persona. Son muchos los que viven a ras de tierra. Desconocen su corazón.
Celebrar la penitencia es alegría y es paz cuando uno entra en el laberinto del misterio personal donde nos jugamos nuestras opciones, esperanzas, cambios, dificultades, incoherencias.
Juan Pablo II ha enunciado cinco impedimentos que obstaculizan la comprensión del sacramento:
Letargo de la conciencia. Hay una ignorancia religiosa supina. Basta preguntar qué libros religiosos compra la gente. El sentido de lo divino se esfuma en magia (cartas, adivinos, más allá que se pueda dominar o comprar). El Dios personal no es comprensible. De Dios y de los divino es mejor no hablar, no sacar el tema. Vivir como si no existiera. Además, si tratas esos temas eres “pasado de moda”. El núcleo sagrado del hombres, la conciencia, está olvidada.
Pérdida del sentido del pecado. El pecado es una realidad más grande que nosotros mismos. Vivimos situaciones de pecado organizadas: injusticias. Hay grupos que saben muy bien que es bueno excluir a Dios de la circulación ordinaria porque así sus negocios irán mejor... Hay una manera de envolver al pecado que hace que no parezca pecado. Son los pecados sociales que atentan contra los más pobres de la tierra y sólo se preocupan de los poderosos. Hay pecados y situaciones de atentado contra los hermanos que claman al cielo, pero están ahí y o no se atacan o no se conocen. Esto hace perder el sentido de pecado: “las cosas son así” y no hay profetas en contra de esas cosas que son así... Es preciso buscar la raíz de por qué las cosas funcionan así... para sacudir al pérdida de sentido del pecado.
Pérdida del sentido de arrepentimiento. Reconocer el error personal no está de moda. Siempre la culpa la tienen otros. Por eso es difícil pedir perdón. La escena del traspaso de responsabilidades que vemos descrito en el relato de la caída del Génesis 3 es una gran realidad hoy que se extiende por todas partes. Y si no hay arrepentimiento no tiene sentido el sacramento de la penitencia. Arrepentirse es desear un cambio íntimo y radical. Arrepentirse no es pensar: es sentir y hacer, cambiar.
Falsa comprensión del sentido del perdón: como si éste fuera recibido directamente de Dios sin necesidad del sacramento. “¡Yo me las apaño –mes las entiendo- con Dios!”. “Yo hablo a Dios y le pedio perdón y ya está”. Es cierto que Dios escucha la súplica y la oración que brota del corazón y que perdona y acoge. Pero es cierto que la Iglesia fundada por Jesús siempre entendió y realizó como camino de perdón el sacramento de la penitencia. Jesús dejo a su Iglesia un instrumento de salvación, de reconciliación y de perdón. NO es algo que la Iglesia se inventó, sino que le dejó el Señor. Nadie tiene derecho a prescindir de este camino sacramental.
Celebración rutinaria del sacramento tanto por parte del presidente de la celebración como del penitente. Hay que reconocer que la celebración práctica de este sacramento ha llevado a abusos y al desuso. Un sacramento realizado como simple desahogo, como simple decir, sin sentir, como rutina... Un sacramento en el que el sacerdote es poco celebrante... La renovación litúrgica no ha llegado a este sacramento que tiene tres modalidades celebrativas, según las ocasiones. En no pocos sitios se deja a los sacerdotes más ancianos, que ya no pueden presidir la celebración de otros sacramentos, la celebración del sacramento de perdón. No es que no haya sacerdotes santos mayores. Pero hay una renovación que no siempre ha sido asimilada; por otra parte hay que reconocer que muchos de estos sacerdotes mayores son los que más paternidad y acogida paterna reparten en el sacramento.
La llamada de Jesús a la conversión, la llamada de los profetas a la conversión y a la penitencia no mira a las obras exteriores, sino a la conversión del corazón, a la penitencia interior. Sin penitencia interior todo es estéril y engañoso.
Penitencia interior es una reorientación de la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, un ruptura con el pecado. La ruptura va acompañada de dolor, de sentimiento, de arrepentimiento.
Es Dios el que nos da un corazón nuevo y arrepentido. La conversión es, en primer lugar, obra de Dios que hace volver a él nuestro corazón.
Ayuda a reconocer que la conversión es obra de Dios el que los responsables de la celebración del perdón en la comunidad se “parezcan” y “obren” como Dios: acogida, comprensión, ayuda, palabras de aliento... La gente, sobre todo los jóvenes y adultos, ya saben lo que está bien y lo que está mal. Necesitan palabras de apoyo y de animación para caminar.
Vigilad
Estad alerta y velad
porque vuestro adversario, el diablo,
como león rugiente,
anda rondando y busca a quien devorar.
Resistidle firmes en la fe.
Y el Dios de toda gracia
que os llamó en Cristo a su gloria eterna,
después de un breve padecer,
os perfeccionará y afirmará,
os consolidará y fortalecerá.
A Él la gloria por los siglos de los siglos.
(I Pe 5,8-11)Llamada
Tú nos llamas a salir de las tinieblas
y a entrar en tu luz.
Tú nos llamas y nos invitas.
Tú quieres que salgamos de nuestra esclavitud
y caminemos hacia la tierra de la libertad y de la novedad.
Tú te muestras ante nosotros como la verdad
que no es otra cosa que tu vida y tu amor.
Tú te revelas como camino
que lleva al proyecto que Dios tiene de nosotros.
Tú eres palabra de Dios
que ilumina nuestra existencia.
Ven, Señor, y llévanos hacia ti.Dificultades
Señor, ahí está la voz de los profetas.
Ahí está la voz de la historia.
Ahí está la voz de la plenitud de los tiempos.
Ahí está la voz de los hombres y mujeres que piden justicia.
Ahí está la voz de los sin voz.
Ahí está la voz de los que acallan la voz de los sencillos.
Ahí está la voz de los que dicen sí en silencio.
Ahí está la voz de mi conciencia.
Ahí está tu voz,
en las voces que oigo y no escucho
porque son llamada a salir de tierra.
Señor, dame la fuerza que necesito
para salir de la mediocridad.Buscad mi rostro
Tu rostro buscaré, Señor,
a tientas,
en la espesura de la vida,
en las incoherencias que me aturden y desaniman,
en el pecado social que me envuelve,
en las cosas que no entiendo,
en las historias de hombres y mujeres
que desgarran mi sensibilidad...
Tu rostro buscaré, Señor,
en la noche de mis días,
como María de Nazaret,
como Isabel,
como Juan Bautista,
como los pastores,
como los magos siguiendo la estrella,
como los sencillos que sólo se guían por hacer el bien
sin mirar a quien.
Tu rostro buscaré, Señor,
y en la búsqueda espero que tu palabra me ilumine
y tu Espíritu me dé fuerzas.Petición de perdón
. Porque hemos usado mal tus dones. Señor, ven y ten piedad.
. Porque hemos vivido lejos de ti.
. Porque no hemos tenido en cuenta tu amor.
. Porque hemos preferido nuestros planes a tus planes.
. Porque nos preocupamos más de los nuestro que de ti.
. Porque no escuchamos las llamadas que nos diriges.
. Porque no vemos la profecía de la historia.
. Porque preferimos no encontrarnos con los profetas de nuestro tiempo.
. Porque no entendemos tu salvación.
. Porque nuestros ojos no saben mirar el futuro.
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A) PRIMERA CELEBRACIÓN Un tiempo para ser asamblea
Un tiempo para celebrar el
perdón
Un tiempo para la acción de
gracias
Un tiempo para
despedirse
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B) SEGUNDA CELEBRACIÓN
Celebración de la
Palabra
Celebración de la Reconciliación
Acción
de gracias y despedida
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